¿Por qué no escribes un diario güey? Me preguntó Juan después de acomodarle tremenda modidota a su torta de chorizo con huevo. Me cae que te puede ayudar a resolver tus pedos existenciales.
No mames, le respondí a punto de atragantarme con una rodaja de chile jalapeño, luego vas a querer que le entre al feng shui o a la iglesia de la cienciología.
Te lo digo por tu bien, cabrón, me preocupa verte así, no es normal.
Cambié de tema radicalmente, comence a hablarle de los resultados de la liguilla y de como me dolía que mis chivas no hubieran pasado a la final. Lo cierto es que le hice caso, empecé a redactar estas palabras un par de horas después de levantarme ¿La razón? La necesidad implacable de encontrarle sentido a mi repentina situación.
Hoy desperté convertido en tres, Alejandro Padre, Alejandro vástago y Alejandro hijo de la chingada. El primero, quien redacta estas líneas, nació un 2 de mayo de 1980, estudió una carrera universitaria, padece gastritis, colitis, rinitis, dermatitis y ha transcurrido su vida en constante vaivén; de los otros dos no sé nada o muy poco, lo cual resulta preocupante. Alejandro vástago resultó artista, filósofo y hasta un poco maricón, el otro parece un héroe de película ochentera (con musculatura y toda la cosa) y se ha empeñado en remodelarme la casa para convertirla en un buen refugio contra la guerra que se avecina. Intenté llamarle a Juan para contarle sobre esto pero no me contesta, quiero decirle que tenía razón, que las cosas no andan muy normales, que sí estoy escribiendo un diario, que sí me urge ver a su psicólogo y que sí, tuve un affair con su madre ¡Auxilio!
No mames, le respondí a punto de atragantarme con una rodaja de chile jalapeño, luego vas a querer que le entre al feng shui o a la iglesia de la cienciología.
Te lo digo por tu bien, cabrón, me preocupa verte así, no es normal.
Cambié de tema radicalmente, comence a hablarle de los resultados de la liguilla y de como me dolía que mis chivas no hubieran pasado a la final. Lo cierto es que le hice caso, empecé a redactar estas palabras un par de horas después de levantarme ¿La razón? La necesidad implacable de encontrarle sentido a mi repentina situación.
Hoy desperté convertido en tres, Alejandro Padre, Alejandro vástago y Alejandro hijo de la chingada. El primero, quien redacta estas líneas, nació un 2 de mayo de 1980, estudió una carrera universitaria, padece gastritis, colitis, rinitis, dermatitis y ha transcurrido su vida en constante vaivén; de los otros dos no sé nada o muy poco, lo cual resulta preocupante. Alejandro vástago resultó artista, filósofo y hasta un poco maricón, el otro parece un héroe de película ochentera (con musculatura y toda la cosa) y se ha empeñado en remodelarme la casa para convertirla en un buen refugio contra la guerra que se avecina. Intenté llamarle a Juan para contarle sobre esto pero no me contesta, quiero decirle que tenía razón, que las cosas no andan muy normales, que sí estoy escribiendo un diario, que sí me urge ver a su psicólogo y que sí, tuve un affair con su madre ¡Auxilio!

