miércoles, 30 de mayo de 2012

Zombies, zombies.


Una de las actividades que más disfruto por su carácter lúdico es la de impartir cátedra, sobre todo cuando se trata de imponer retos a los alumnos. Justo ayer, en una de las universidades en las cuales trabajo, durante el curso de Técnicas de Iluminación, propuse a mis educandos la tarea de reconstruir una de las secuencias de la otrora afamada serie de zombies Dead Set. Para tal efecto, me di a la tarea de realizar algunas caracterizaciones con el fin de ayudar en tan complicada empresa.



Por la premura en la realización de la práctica, así como en la planeación de las escenas y otros menesteres, los muertos vivientes no cumplen con ciertos estándares de calidad, vamos, el vestuario y el peinado no son lo que se puede llamar "adecuados". Aún así nos divertimos mucho ¿No es así?


Aprovecho para agradecer a Lux Camacho su amable préstamo de la cámara para documentar estas imágenes.


lunes, 28 de mayo de 2012

Deposite un Peso

A propósito de crímenes y otros demonios y porque me lo encontré mientras navegaba por la inmensidad de la world wide web, comparto con ustedes un cortometraje en el cual participé hace algunos años como director de arte (entre otras cosas) Se llama "Deposite un peso" y fue dirigido por José Antonio Guillen y Producido por "La Tuza Salvaje Films" Así mismo publico el making of en el cual hago una breve aparición muy silenciosa por cierto.



Las penumbras se disipan, comienzan los proyectos

A las afueras de la ciudad una tarde apocalíptica


Después de los eventos desafortunados de estas dos últimas semanas (Ok, de la semana antepasada, pero la humanidad siempre tiende a exagerar) intento regresar a la normalidad planteándome nuevos proyectos y perspectivas, ya escribiré sobre ello más adelante, por ahora continúo en el rescate de aquellas imágenes que por lo ya relatado en anteriores posts, daba por perdidas. Agradezco al universo que no haya sido así.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Recuperando información

Hoy recibí la visita de una buena amiga y modelo de algunas de las imágenes que he compartido en en este espacio, le comenté sobre el robo del cual fui sujeto y discurrimos largo rato sobre la importancia de respaldar la información que almacenamos en nuestras computadoras, pues cuando una situación como la mía se hace manifiesta, podemos perder mucho en realidad.

Me encuentro en un ejercicio de rescate casi arqueológico, por lo menos todas las fotografías tomadas en lo que va de este 2012 se perdieron para siempre o de plano tendrán de reeditarse. Otras se encuentran escondidas o revueltas en las inmensidades de algún disco duro de respaldo (mea culpa) Algunas, el caso de la publicación de este día, me las he encontrado en otra computadora y después de un proceso de exhaustiva observación he podido corregir detalles nimios pero muy molestos a los cuales no puse atención la primera vez.

En fin, mi amiga partió con la promesa de ayudarme nuevamente con aquellos proyectos que ya estaban hechos pero inconclusos y prometimos vernos para una presentación de su grupo de danza hoy por la noche. Mientras la veía partir y regresaba sin mayor ilusión a mis actividades cotidianas pensé en la fugacidad de los momentos, de los objetos y sobre todo de nosotros mismos.


sábado, 19 de mayo de 2012

Me llevan los demonios

Me encuentro verdaderamente consternado, afligido y sobre todo muy molesto. No es posible que tengamos que habitar en un país de semejantes características, no es posible vivir en un entorno plagado de inseguridad y violencia. Basta leer una mañana los diarios o ver los noticiarios en la televisión o acercarse a las redes sociales para advertir que, aunque el discurso de los políticos y de aquellos que detentan el poder diga lo contrario, México es territorio de barbarie, sed de sangre e involución humana. Un país en el cual los maestros de educación básica se rehúsan a ser evaluados con la finalidad de determinar si cuentan con los elementos necesarios para educar a las nuevas generaciones, un país en el cual se lleva, como si se tratara de un récord olímpico, el conteo de los muertos y desaparecidos a manos del crimen organizado, un país en el cual los candidatos a la presidencia no son capaces de citar por lo menos a tres autores clásicos de la literatura universal, o pertenece al universo de ficción de alguna película de Fellini, o está podrido hasta sus cimientos y debe ser desconstruido y repensado.

Ayer robaron mi casa, el ladrón o ladrones, sustrajeron todo mi equipo de trabajo, no soy policía, ni una emulación latinoamericana de Sherlock Holmes, ni mucho menos un activista revolucionario con pretensiones de trascendencia sociohistórica. Soy un ciudadano preocupado y asustado ante la situación a la cual estamos expuestos todos los habitantes de esta nación. La mayoría de nosotros no somos acaudalados empresarios con cuentas en el extranjero, no somos los afortunados ganadores de los sorteos de la lotería nacional, ni herederos de vastas fortunas venidas de generaciones y generaciones de abolengo y tradición. Somos gente trabajadora que diariamente sale a ganarse la vida mientras lidiamos con las vicisitudes cotidianas de este entorno caótico que representa la vida en la gran urbe. Somos oficinistas, cajeros, maestros universitarios, comerciantes, profesionistas, con la firme intención de sostener un nivel de vida adecuado ¿Qué harán estos pillos con las cosas que hurtaron? ¿Montar una microempresa competitiva que genere nuevos empleos? ¿Las donarán a instituciones educativas de beneficencia para apoyar a futuros talentos? ¿Las quemarán en una protesta contra el capitalismo voraz que nos circunda? Las respuestas pecan de obviedad. Aquello que a mi me costó años de ahorro, sacrificio y esfuerzo será malbaratado, intercambiado por alguna estupidez o servirá para satisfacer el ego de alguien que se vanagloriará por su capacidad de erigirse como un semidiós posmoderno por encima de las leyes.

Cualquiera podría tildarme de materialista por expresar mi molestia por la perdida de objetos banales, pero no es así, por el contrario, los objetos son solamente el pretexto, de ahora en adelante viviré con miedo, paranoia, con el sentimiento de que allá afuera hay alguien que vigila mis pasos, me observa y amenaza mi integridad y la de mis seres queridos. Ante el abandono de las autoridades nos resta a nosotros, como sociedad civil, ser más unidos, más comprometidos, pero no con causas políticas o ideológicas, sino con nosotros mismos, con el otro que podría ser nuestro reflejo.

Almost a Heartache

viernes, 4 de mayo de 2012

El debate continúa



Yo pensé que el tema en disputa sobre la validez del discurso de la imagen ya había superado las barreras entre lo referente al objeto real y al objeto intervenido. Lo pondré en términos muchos más sencillos, en primer lugar comparto la anécdota: Alejandro se encuentra en un Starbucks degustando un insípido té chai, esperando la llegada de unos amigos quienes solicitaron su ayuda para poder resolver un problema de índole técnico, elipsis obligatoria, mis amigos llegan, conversamos reímos y de repente terminamos revisando este espacio no recuerdo por cuales motivos. Uno de mis amigos me pregunta en tono inquisitivo qué cuánto tiempo llevo dedicándome a la fotografía, la pregunta según mi percepción tiene un tono malintencionado como si dudara de mi capacidad en el manejo de la cámara debido a mi predilección por la elaboración de trabajos más cercanos a la ilustración que al medio tradicional. Contesto con una sonrisa y sin inmutarme que llevo diez años en esto y explico las razones de mi inclinación por el arte digital (cualquier cosa que eso signifique) Para concluir, mi interlocutor toma un breve respiro y me espeta con un dejo de supremacía la frase tantas veces escuchada y repetida: "Bueno, pero finalmente esto no es fotografía" Guardo silencio. Doy un largo trago a mi ahora más espantoso té y me concreto a resolver dudas sobre la última versión de Camera Raw.

Comento lo anterior porque noto con tristeza que seguimos instalados en una suerte de romanticismo en el cual importan más las herramientas que aquello que la imagen transmite, quienes ven mi trabajo, la mayoría de las veces, están más interesados en cómo lo hice, que en factores como la composición, el color, el discurso. Y es que seguimos pensando que son los aparatos y no los individuos quienes realizan la imagen. Tomemos como ejemplo a Instagram y a todo ese revival de las cámaras de plástico como la Holga, el debate no debería centrarse en cuál aparato sirve para obtener mejores imágenes, sino en quien tiene mejor ojo para captar la esencia de las cosas. No es la cámara lomo ni el IPhone, ni los miles de filtros que abundan en Google Play, es la perspectiva de quien aprieta el disparador lo que determinara el valor estético de una imagen o su paso monumental a la historia de los sucesos intrascendentes.

Cuando voy a realizar una de mi "no fotografías" hago un boceto, esculpo prostéticos si es necesario, utilizo herramientas como Blender o ZBrush para elaborar escenarios o protagonistas, contacto a mis modelos, las maquillo, consigo vestuario, realizo largas sesiones hasta que encuentro aquello que estoy buscando, edito y así, hasta llegar al resultado final. Demonios, tal vez esto no es fotografía, pero conlleva mucho trabajo y planeación que pasan a segundo plano en función de que alguien ha detectado que se ha utilizado Photoshop en el proceso. Bien, una vez exorcizados los demonios, los invito a visitar la página de la Cabeza sin Cuerpo en Facebook y a comentar si es que así les place. Hasta pronto.

viernes, 13 de abril de 2012

One more time, with feelin´...

La dama vestía de rojo.



Antes que nada quiero hacer una aclaración, este blog no es nuevo, muy por el contrario, es el más viejo de todos los blogs que he construido desde que la web 2.0 vio la luz. En un principio fue un proyecto universitario en el cual pretendía incluir todas mis reflexiones literarias, después se vio atiborrado de imágenes sin una coherencia significativa y de páginas de un cómic al cual, por distintas circunstancias, jamás pude darle seguimiento, años más tarde traté de convertirlo en un falso diario en el cual una entidad tripartita narraría sus desventuras y desencuentros con sus dos respectivos alter egos, hace algunos meses este espacio estuvo a punto de desaparecer para siempre, en fin, por una razón o por otra, la cabeza sin cuerpo permanece aquí y parece tener todas las intenciones de quedarse.

La siguiente cuestión sería ¿Por qué en épocas de avanzadas redes sociales, sobreexposición multitudinaria y momentos de efímera fama  querría alguien escribir un blog? No lo sé, tal vez porque de un modo muy extraño es una forma mucho más íntima de compartir reflexiones, puntos de vista, posturas políticas e ideológicas, procesos creativos, dudas existenciales, en resumen, todo aquello que convierte a los individuos en seres complejos y trascendentes. 

Mi justificación en este caso se fundamenta en que esta vez quiero construir un espacio más personal, regresar a aquellas tardes en las cuales el ejercicio de la escritura tenía un valor preponderante en mi día a día y mi trabajo fotográfico tenía cierto aire de rebeldía y experimentación. De igual manera quiero compartir las piezas que poco a poco voy realizando, con la intención de dejar un testimonio de las evoluciones e involuciones (¿Por qué no?) que voy teniendo como constructor de imágenes. Tal vez, con el paso de los años voltearé a ver lo aquí publicado y me reiré de mis errores con esa risa cruel de la vejez y me percataré de todos aquellos que no he sido capaz de sortear.

Para concluir, doy la bienvenida al viajero sin rumbo, al curioso incesante, al amigo de mirada crítica y a todos aquellos que guiados por las incoherencias de esta red abierta al mundo han caído aquí. Ojalá puedan quedarse el resto de la jornada.