Yo pensé que el tema en disputa sobre la validez del discurso de la imagen ya había superado las barreras entre lo referente al objeto real y al objeto intervenido. Lo pondré en términos muchos más sencillos, en primer lugar comparto la anécdota: Alejandro se encuentra en un Starbucks degustando un insípido té chai, esperando la llegada de unos amigos quienes solicitaron su ayuda para poder resolver un problema de índole técnico, elipsis obligatoria, mis amigos llegan, conversamos reímos y de repente terminamos revisando este espacio no recuerdo por cuales motivos. Uno de mis amigos me pregunta en tono inquisitivo qué cuánto tiempo llevo dedicándome a la fotografía, la pregunta según mi percepción tiene un tono malintencionado como si dudara de mi capacidad en el manejo de la cámara debido a mi predilección por la elaboración de trabajos más cercanos a la ilustración que al medio tradicional. Contesto con una sonrisa y sin inmutarme que llevo diez años en esto y explico las razones de mi inclinación por el arte digital (cualquier cosa que eso signifique) Para concluir, mi interlocutor toma un breve respiro y me espeta con un dejo de supremacía la frase tantas veces escuchada y repetida: "Bueno, pero finalmente esto no es fotografía" Guardo silencio. Doy un largo trago a mi ahora más espantoso té y me concreto a resolver dudas sobre la última versión de Camera Raw.
Comento lo anterior porque noto con tristeza que seguimos instalados en una suerte de romanticismo en el cual importan más las herramientas que aquello que la imagen transmite, quienes ven mi trabajo, la mayoría de las veces, están más interesados en cómo lo hice, que en factores como la composición, el color, el discurso. Y es que seguimos pensando que son los aparatos y no los individuos quienes realizan la imagen. Tomemos como ejemplo a Instagram y a todo ese revival de las cámaras de plástico como la Holga, el debate no debería centrarse en cuál aparato sirve para obtener mejores imágenes, sino en quien tiene mejor ojo para captar la esencia de las cosas. No es la cámara lomo ni el IPhone, ni los miles de filtros que abundan en Google Play, es la perspectiva de quien aprieta el disparador lo que determinara el valor estético de una imagen o su paso monumental a la historia de los sucesos intrascendentes.
Cuando voy a realizar una de mi "no fotografías" hago un boceto, esculpo prostéticos si es necesario, utilizo herramientas como Blender o ZBrush para elaborar escenarios o protagonistas, contacto a mis modelos, las maquillo, consigo vestuario, realizo largas sesiones hasta que encuentro aquello que estoy buscando, edito y así, hasta llegar al resultado final. Demonios, tal vez esto no es fotografía, pero conlleva mucho trabajo y planeación que pasan a segundo plano en función de que alguien ha detectado que se ha utilizado Photoshop en el proceso. Bien, una vez exorcizados los demonios, los invito a visitar la página de la Cabeza sin Cuerpo en
Facebook y a comentar si es que así les place. Hasta pronto.